lunes, 23 de julio de 2018

Albert Bandura y su recorrido hacia el Enfoque Social-Cognitivo

Hacia la institución de la originalidad

Vida y Preámbulos


Albert Bandura nació el 4 de diciembre de 1925 en el Norte, Canadá. Fue educado en una pequeña escuela elemental y colegio en un solo edificio, con recursos mínimos, aunque con un porcentaje de éxitos importante. Al finalizar el bachillerato, trabajó durante un verano rellenando agujeros en la autopista de Alaska en el Yukon.

Completó su licenciatura en Psicología de la Universidad de Columbia Británica en 1949. Luego se trasladó a la Universidad de Iowa, donde conoció a Virginia Varns, una instructora de la escuela de enfermería. Se casaron y más tarde tuvieron dos hijas. Después de su graduación, asumió una candidatura para ocupar el post-doctorado en el Wichita Guidance Center en Wichita, Kansas.

En 1953, empezó a enseñar en la Universidad de Stanford. Mientras estuvo allí, colaboró con su primer estudiante graduado, Richard Walters, resultando un primer libro titulado Agresión Adolescente en 1959.

Bandura fue Presidente de la APA en 1973 y recibió el Premio para las Contribuciones Científicas Distinguidas en 1980. Se mantiene en activo hasta el momento en la Universidad de Stanford.

El inicio de una teoría


El conductismo, con su énfasis sobre los métodos experimentales, se focaliza sobre variables que pueden observarse, medirse y manipular y rechaza todo aquello que sea subjetivo, interno y no disponible (p.e. lo mental). En el método experimental, el procedimiento estándar es manipular una variable y luego medir sus efectos sobre otra. Todo esto conlleva a una teoría de la personalidad que dice que el entorno de uno causa nuestro comportamiento.

Se había pasado en pocos años de creer en un libre albedrío ingenuo a sostener un determinismo feroz. Entre estos dos polos opuestos apareció Bandura.

Albert Bandura también centra el foco de su estudio sobre los procesos de aprendizaje en la interacción entre el aprendiz y el entorno. Y, más concretamente, entre el aprendiz y el entorno social. Mientras que los psicólogos conductistas explicaban la adquisición de nuevas habilidades y conocimientos mediante una aproximación gradual basada en varios ensayos con reforzamiento, Bandura intentó explicar por qué los sujetos que aprenden unos de otros pueden ver cómo su nivel de conocimiento da un salto cualitativo importante de una sola vez, sin necesidad de muchos ensayos.

Según Bandura, los conductistas subestiman la dimensión social del comportamiento reduciéndola a un esquema según el cual una persona influye sobre otra y hace que se desencadenen mecanismos de asociación en la segunda. Ese proceso no es interacción, sino más bien un envío de paquetes de información de un organismo a otro. Por eso, la Teoría del Aprendizaje Social propuesta por Bandura incluye el factor conductual y el factor cognitivo, dos componentes sin los cuales no pueden entenderse las relaciones sociales.

Experimento del muñeco Bobo



El experimento del muñeco Bobo fue realizado en 1961, para tratar de darle credibilidad a su creencia de que toda conducta humana es aprendida a través de la imitación social y las repeticiones,en lugar de heredarse a través de factores genéticos. Estos resultados aun constituyen un objeto de debate incluso 40 años después.

Para el experimento del Muñeco Bobo, Bandura seleccionó un conjunto de niños de la guardería local de Stanford, con edades comprendidas entre los 3 y 6 años, con una edad promedio de 4 años y 4 meses.
Para probar la predicción de que los niños serían más propensos que las niñas a la agresión, eligió 36 sujetos de cada sexo.
El grupo de control , que no vería ningún modelo adulto en absoluto, estaba formado por 24 infantes, 12 niños y 12 niñas.
El segundo grupo, que estarían expuesto a un adulto que muestra tendencias agresivas, fue similiarmente conformado por 24 niños de ambos sexos. Los dos grupos resultantes de este fueron divididos en grupos de 12, la mitad se pondría a prueba con un modelo femenino y la mitad con un modelo masculino.
El tercer grupo estaba estructurado exactamente de la misma manera que el segundo, con la única diferencia de que ellos se verían expuestos a un adulto pasivo.
Para el experimento del Muñeco Bobo, era necesario pre-seleccionar y clasificar a los niños para tratar de asegurar que hubiese un reparto equilibrado de los diferentes tipos de personalidad en los grupos de prueba; con algunos sujetos ya conocidos por tener una personalidad más agresiva que los otros.
Para esto, uno de los profesores de la guardería trabajó con el experimentador para calificar la personalidad de cada niño y tratar de construir grupos bien equilibrados.
También debe tenerse en cuenta que cada sujeto fue probado por sí solo y de forma individual, para asegurar que los efectos y reacciones de sus compañeros de clase no tendrían ninguna influencia sobre los resultados finales o los hallazgos del experimento.

El experimento del Muñeco Bobo comenzó introduciendo a uno de los niños de los grupos de prueba en una habitación con un adulto. El sujeto se sentó en una esquina de la habitación, con unos cuantos juguetes y actividades llamativas, como libros de calcomanías y pintura con papas.
El adulto se sentó en la otra esquina de la habitación con algunos juguetes, además de un muñeco Bobo y un mazo. Al niño no se le permitió jugar o interactuar con estos juguetes.
Para los niños del grupo dos, después de un minuto de jugar con los juguetes, el adulto comenzaría a a atacar verbal y físicamente al muñeco durante un período de 10 minutos.
Para el tercer grupo, el adulto se sentaría a jugar silenciosa y pacíficamente durante diez minutos.
El grupo de control, por supuesto, se sentó en la sala durante diez minutos sin la presencia de ningún adulto.

La siguiente fase del experimento del Muñeco Bobo era llevar al sujeto a otra habitación llena de interesantes juguetes. Al niño no se le permitía jugar con ellos, explicándoles que estaban reservados para otros niños. Con esto se pretendía elevar los niveles de frustración del sujeto.
El niño fue nuevamente llevado a otra habitación llena de juguetes interesantes, algunos de tipo agresivo y algunos no agresivos; además de esto, la habitación también tenía el muñeco Bobo y el mazo. El sujeto fue observado a través de un espejo unidireccional, y fueron evaluados varios tipos de conductas.

El primer factor medido fue la agresión física, que consiste en golpear al muñeca con el mazo, puñetazos, patadas o sentándose sobre él.

La agresión verbal también fue evaluada, ya sea abuso general o imitación de frases utilizadas por el modelo a seguir.

La tercera medida fue la cantidad de veces que el mazo fue utilizado para mostrar otras formas de agresión que no fuese golpear al muñeco. Los comportamientos finales estudiados fueron los modos de agresión, mostrados por el sujeto, que no eran imitaciones directas de la conducta del modelo.

Resultados

Los resultados del experimento del muñeco Bobo demostraron, como se esperaba por la primera predicción, que los niños que estuvieron expuestos al modelo agresivo tenían más probabilidades de mostrar un comportamiento agresivo imitativo.

La cuarta predicción demostró ser correcta dado que los niños eran casi tres veces más propensos a repetir un comportamiento físicamente violento en comparación con las niñas.

Las medidas para el comportamiento verbalmente agresivo demostraron que los niños expuestos a modelos agresivos eran más proclives a imitarlos. Los niveles de agresión verbal expresados fueron aproximadamente los mismos tnto para niños como para niñas.

Los sujetos del experimento del Muñeco Bobo expuestos al modelo no agresivo, o a ningún modelo en absoluto, mostraron muy poco comportamiento agresivo imitativo. Este hallazgo comprobó parcialmente la segunda predicción, ya que los niños expuestos a un modelo pasivo manifestaron menos agresión imitativa.

Sin embargo, los resultados no comprobaron completamente esta predicción debido a que no había ninguna diferencia apreciable entre los niveles de agresión imitativa entre los grupos uno y tres.

Los sujetos masculinos expuestos a modelos no agresivos eran menos propensos a usar el mazo para golpear al muñeco Bobo. Extrañamente, los sujetos masculinos ubicados con modelos femeninos no agresivos eran más proclives a usar el mazo que los del grupo control.

Todas estas variantes permitieron a Bandura a establecer que existen ciertos pasos envueltos en el proceso de modelado:

1.  Atención. Si vas a aprender algo, necesitas estar prestando atención. De la misma manera, todo aquello que suponga un freno a la atención, resultará en un detrimento del aprendizaje, incluyendo el aprendizaje por observación. Si por ejemplo, estás adormilado, drogado, enfermo, nervioso o incluso “hiper”, aprenderás menos bien. Igualmente ocurre si estás distraído por un estímulo competitivo.
Alguna de las cosas que influye sobre la atención tiene que ver con las propiedades del modelo. Si el modelo es colorido y dramático, por ejemplo, prestamos más atención. Si el modelo es atractivo o prestigioso o parece ser particularmente competente, prestaremos más atención. Y si el modelo se parece más a nosotros, prestaremos más atención. Este tipo de variables encaminó a Bandura hacia el exámen de la televisión y sus efectos sobre los niños.
2.  Retención. Segundo, debemos ser capaces de retener (recordar) aquello a lo que le hemos prestado atención. Aquí es donde la imaginación y el lenguaje entran en juego: guardamos lo que hemos visto hacer al modelo en forma de imágenes mentales o descripciones verbales. Una vez “archivados”, podemos hacer resurgir la imagen o descripción de manera que podamos reproducirlas con nuestro propio comportamiento.
3.  Reproducción. En este punto, estamos ahí soñando despiertos. Debemos traducir las imágenes o descripciones al comportamiento actual. Por tanto, lo primero de lo que debemos ser capaces es de reproducir el comportamiento. Puedo pasarme todo un día viendo a un patinador olímpico haciendo su trabajo y no poder ser capaz de reproducir sus saltos, ya que ¡no sé nada patinar!.Por otra parte, si pudiera patinar, mi demostración de hecho mejoraría si observo a patinadores mejores que yo.
Otra cuestión importante con respecto a la reproducción es que nuestra habilidad para imitar mejora con la práctica de los comportamientos envueltos en la tarea. Y otra cosa más: nuestras habilidades mejoran ¡aún con el solo hecho de imaginarnos haciendo el comportamiento!. Muchos atletas, por ejemplo, se imaginan el acto que van a hacer antes de llevarlo a cabo.
4.  Motivación. Aún con todo esto, todavía no haremos nada a menos que estemos motivados a imitar; es decir, a menos que tengamos buenas razones para hacerlo. Bandura menciona un número de motivos:
 
  • Refuerzo pasado, como el conductismo tradicional o clásico.
  • Refuerzos prometidos, (incentivos) que podamos imaginar.
  • Refuerzo vicario, la posibilidad de percibir y recuperar el modelo como reforzador.
Nótese que estos motivos han sido tradicionalmente considerados como aquellas cosas que “causan” el aprendizaje. Bandura nos dice que éstos no son tan causantes como muestras de lo que hemos aprendido. Es decir, él los considera más como motivos.Por supuesto que las motivaciones negativas también existen, dándonos motivos para no imitar:
  • Castigo pasado.
  • Castigo prometido (amenazas)
  • Castigo vicario.
Como la mayoría de los conductistas clásicos, Bandura dice que el castigo en sus diferentes formas no funciona tan bien como el refuerzo y, de hecho, tiene la tendencia a volverse contra nosotros.Autorregulación
La autorregulación (controlar nuestro propio comportamiento) es la otra piedra angular de la personalidad humana. En este caso, Bandura sugiere tres pasos:
1.  Auto-observación. Nos vemos a nosotros mismos, nuestro comportamiento y cogemos pistas de ello.
2.  Juicio. Comparamos lo que vemos con un estándar. Por ejemplo, podemos comparar nuestros actos con otros tradicionalmente establecidos, tales como “reglas de etiqueta”. O podemos crear algunos nuevos, como “leeré un libro a la semana”. O podemos competir con otros, o con nosotros mismos.
3.  Auto-respuesta. Si hemos salido bien en la comparación con nuestro estándar, nos damos respuestas de recompensa a nosotros mismos. Si no salimos bien parados, nos daremos auto-respuestas de castigo. Estas auto-respuestas pueden ir desde el extremo más obvio (decirnos algo malo o trabajar hasta tarde), hasta el otro más encubierto (sentimientos de orgullo o vergüenza).
Un concepto muy importante en psicología que podría entenderse bien con la autorregulación es el auto-concepto (mejor conocido como autoestima). Si a través de los años, vemos que hemos actuado más o menos de acuerdo con nuestros estándares y hemos tenido una vida llena de recompensas y alabanzas personales, tendremos un auto-concepto agradable (autoestima alta). Si, de lo contrario, nos hemos visto siempre como incapaces de alcanzar nuestros estándares y castigándonos por ello, tendremos un pobre auto-concepto (autoestima baja)
Notemos que los conductistas generalmente consideran el refuerzo como efectivo y al castigo como algo lleno de problemas. Lo mismo ocurre con el auto-castigo. Bandura ve tres resultados posibles del excesivo auto-castigo:
Compensación. Por ejemplo, un complejo de superioridad y delirios de grandeza.
Inactividad. Apatía, aburrimiento, depresión.
Escape. Drogas y alcohol, fantasías televisivas o incluso el escape más radical, el suicidio.
Lo anterior tiene cierta semejanza con las personalidades insanas de las que hablaban Adler y Horney; el tipo agresivo, el tipo sumiso y el tipo evitativo respectivamente.Las recomendaciones de Bandura para las personas que sufren de auto-conceptos pobres surgen directamente de los tres pasos de la autorregulación:
Concernientes a la auto-observación. ¡conócete a ti mismo!. Asegúrate de que tienes una imagen precisa de tu comportamiento.
Concernientes a los estándares. Asegúrate de que tus estándares no están situados demasiado alto. No nos embarquemos en una ruta hacia el fracaso. Sin embargo, los estándares demasiado bajos carecen de sentido.
Concernientes a la auto-respuesta. Utiliza recompensas personales, no auto-castigos. Celebra tus victorias, no lidies con tus fallos.

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